LA VACUNA

En tiempo de pandemia la gran mayoría de la población mundial pugna por una vacuna que nos libere de la pandemia la cual nos arrincona, nos asusta, nos priva…

Muchos satisfechos, estamos inyectados de esperanza por combatir a la COVID 19. Sin embargo, aún no recibimos la vacuna para erradicar el otro virus, tan agresivo y fatal, que sin miramiento alguno arrasa, cercena y aniquila, y lo peor de todo, con confinamiento o no, se acrecienta, se aviva, es la corrupción que conlleva a la  desintegración de los valores de respeto, solidaridad, lealtad, disciplina, orden y servicio a los demás quienes son vulnerados, mancillados a conveniencias de intereses oscuros de quienes pretenden “reivindicar derechos conculcados”.

Dicen que para mejorar el presente es indispensable rememorar la Historia la cual narra hechos como por ejemplo, en la opulencia del imperio romano la muchedumbre impía se concentraba en el circo para avivar la lucha de fieras contra esclavos quienes luego de una lucha titánica sufrían el holocausto cruel del sacrificio, mientras los del graderío, ávidos de sangre inocente con alaridos de gozo veían sucumbir tantas valiosas vidas.  

Pese a que lo narrado fue hace mucho tiempo, aún no existe el antídoto, la vacuna para frenar que hoy  como en el circo romano la barbarie popular enloquecida atice ese vehemente deseo de que rueden cabezas sin dar tregua a la razón, a la mesura y al más elemental respeto al “debido proceso”. Así unos luchan contra otros tendiéndose acechanzas, graves felonías y ambiciones desmedidas, todo vale, porque de todo lado se hieren, se punzan, se dañan, ¿por qué?… ¿para qué?… No lo sé…

Tarea difícil resulta encontrar personas que ante cualquier acontecimiento que de súbito aparece estén prestas a brindar más que una voz de aliento, una mano solidaria, no solo una sino cuantas veces sea necesarias, porque al menor rumor negativo: o comenzamos a huir como ratas en naufragio, o indiferentes como el avestruz escondemos  la cabeza ante esta dura realidad; o, lo más grave, nos creemos con la autoridad suficiente para juzgar los actos ajenos, los señalamos, los acusamos imponiendo nuestro propio veredicto. Así  con un mallete cruel e implacable destruimos todo aquello que con esmero, cuidado y paciencia se fue proyectando, se fue construyendo… 

¿Por qué si desde fechas inmemorables la traición, la maledicencia se acrecienta en cada época, no se ha inventado la vacuna para combatirlo? ¿Por qué no nos sirve como referente la evocación de  los justos, los héroes, los magnánimos, quienes en medio de la escoria convertida en cloaca de estiércol y miseria humana, airosos, estoicos e indomables, persistieron  reivindicando la fe para mantener su estirpe ancestral y soberana.

Su trayectoria nos instruyen, que debemos aplicarnos la vacuna para dejar de juzgar a los demás, para dejar la hipocresía a un lado y  sacar “la viga que hay en nuestro ojo”, para dejar de ser inermes, cómplices, mudos  ante esta cadena de injusticias, para saber que tal vacuna nace, está y morirá en nosotros, la cual cumpliría su objetivo cuando dejamos a un lado ese conformismo absurdo que aniquila, espanta y cercena la vida misma.- 

¡SÍ!, la vacuna se torna en antídoto eficaz, para cuando actos como aquellos que nos conmociona y resuenan en nuestros oídos, nos conmina a evitar que se repitan, arrimando el hombro para  en lo que nos toque, erradicar la corrupción enquistada en nuestro cotidiano vivir, autora directa de  la agonía del pobre, de aquellos privados de identidad de honra y dignidad… 

La vacuna funciona solo cuando limpiamos nuestras conciencias procurando así levantar a nuestra Patria postrada, anclada en el oscurantismo de la miseria, del dolor y de la desesperanza… 

Queda pendiente el suministrarnos una dosis de esa vacuna, o dos, o tres, para poder mirar de frente y con mayor esplendor una Patria nueva, nuestro Ecuador, el edén donde todos anhelamos vivir para fincar nuestras raíces, para germinar paz, justicia social y una auténtica democracia!.- 

Narciza Tapia Guerrón

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