En este tiempo de estulticia y desconciertos, se rescata lo bueno, lo hermoso, porque en pandemia mientras unos sobrecogidos, arrinconados nos recluimos entre quejas e inconformidades, otros, sin amilanarse, entregados a sus ideales, pretendiendo las estrellas, entrelazando sentimientos, cada aurora labraron su ruta, fijaron su arribo a las cumbres. Son los olímpicos, quienes henchidos de esa fuerza que contagia, que germina, nos toman de la mano para trasportarnos al éxtasis de la victoria. Son ellos quienes, desdeñando brechas sociales, lidiando inequidades insondables, incredulidades de unos, desidias de otros, rompiendo hitos y fronteras, hoy, arriban al recinto de los dioses, el Olimpo, para otorgarnos el pasaporte a la libertad…

Mi afán, es referirme específicamente a ellas,  LAS VOLADORAS,  quienes como para todo, tuvieron que luchar más de un siglo por la igualdad de sus derechos en el ámbito olímpico, pues desde que en París de 1912, participaron unas pocas nadadoras, fueron muchas quienes rompiendo prejuicios, y salvando estereotipos hoy nos brindan el privilegio de atestiguar sus actos de grandeza. Con razón Petra Tzschoppe dijo: “Si las mujeres no hubieran presionado y exigido, hoy no estaríamos tan lejos”. Es verdad porque hoy, en las federaciones deportivas que patrocinan las competencias olímpicas en Tokio, al menos una, está dirigida por Marisol Casado Estupiñan. Hace 20 años solo 10 mujeres integraban el Comité Olímpico Internacional. Ahora  29 de 96 son miembros con derecho a voto; y, el 48.3% de los deportistas clasificados para Tokio son mujeres, quienes participan en 156 competiciones en especial el atletismo.

En lo que toca al Ecuador, de 48 deportistas clasificados a las Olimpiadas de Tokio, 30 mujeres participan en varias disciplinas deportivas, otrora muchas de ellas vedadas para ellas.  A ello se suman los plácemes que nos han brindado: Neisi Dajones, medalla de oro y Tamara Salazar, medalla de plata, quienes junto a Richard Carapaz posicionan al Ecuador en el puesto 23 de medallero olímpico, como el 2º mejor país de Sudamérica luego de Brasil. Además de las destacadas participaciones de Angie Palacios, Alfredo Campo y Samantha Arévalo.

Ahora, son ellas, quienes nos incitan a no bajar la voz, a no achicarla, a no convertirla en un topo que desciende, todo lo contrario, nos incitan a levantar voces que rompan silencios para en el cenit de los ideales encaramarnos en las nubes. Porque son ellas, las voladoras, ágiles, prestas, quienes esquivando todo, dando rienda suelta a sus ímpetus, a sus sueños, pretendiendo perennizar los nuestros hacia el infinito, nos otorgan el privilegio de ser testigos de sus proezas. Porque solo ellas, vuelan, vuelan para desde las alturas identificarse por un solo ideal:  una Patria cuyas alas se deslicen: sin barreras, sin límites, sin ataduras…

Sus magníficas obras me han conmovido, porque en medio de todo, muchos dirán que no son mujeres normales, quizá sea verdad, pues quien más que ellas, saben lo que es perseverar, saben que en medio de su coraje, de  todo y de nada, sus lágrimas fueron sus compañeras, porque a pesar de  su impotencia, acurrucadas en el regazo del Todopoderoso clamaron por el prodigio de la fuerza, la tenacidad, la valentía… Por ello, con mis lágrimas he aprendido a amar las suyas…

Ahora, más allá de este Ecuador que nos duele, las proezas alcanzadas por las voladoras no deben quedar allí… ¡No!, son un grito desesperado por una Patria altiva y soberana, que nos conmina a reencontrarnos en su estirpe y en su Historia, para deslizarnos en el vaivén de lamentos andinos como un verdadero concierto de agradecimiento a la vida, al Dios Sol, a sus viejos taitas; y, a todo lo que germina nuestra ¡Madre Tierra! –

¡Gracias VOLADORAS!, por hacernos entonar melodías que se funden en los cantos de las aves, que libres cruzan el horizonte. Porque ahora, caminar sobre los verdes pastos de nuestra noble Tierra será diferente… será imbuirse en la paz serena de un futuro promisorio, pues este presente nos inyecta: fuerza, valor y deseos de volar…volar…

Narciza Tapia Guerrón

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