OBREROS DE LA CULTURA

Con satisfacción y beneplácito la ciudadanía carchense vivimos una lid electoral donde primó el respeto, la camaradería y la verdadera democracia, lo que catapultó al triunfo de Luchito Rosero Mora y su grupo de: vates, pintores, danzantes y juglares quienes cotidianamente dan rienda suelta a sus ímpetus y anhelos.

Estaremos invitados a deleitarnos de eventos artísticos maravillosos, legados culturales de todas las generaciones para que artistas de diferentes gustos y colores conjuguen por un lado, la sensibilidad de sus voces con la flexibilidad única de sus cuerpos haciendo de la música y la danza antídotos perdurables en el vital del tiempo, dejando en nuestros corazones el milagro de la vida… del amor… de la existencia; y,  por otro lado, el éxtasis de los versos, de la palabra, de los colores del arcoíris plasmados en el lienzo de la fe y la esperanza.-

El artista LUIS ROSERO MORA cuya ardua y abnegada trayectoria ha plasmado en el tiempo y el espacio el amor a los colores, marcando en el lienzo el vaivén de historias rezagadas en el oscurantismo del olvido, reviviendo proclamas, llantos y quimeras que nos transportan a ese embeleso de paz, de emociones encontradas, y de esa férrea necesidad de deambular en medio de la nada pero con la mirada fija en una Patria nueva y soberana, cercenada por viles interés, que nos agobian y nos privan…

Ahora, que emprenden la tarea: danzantes, cantores, escribidores, poetas y quienes hacen vibrar las cuerdas más íntimas del alma, porque se duelen del dolor de su pueblo, porque han bebido el elixir de la vida, de la yerba buena, tenemos la firme convicción de que nos brindarán el bálsamo de lo simplemente hermoso porque más allá del   intelecto están los vivos latidos de nuestros corazones henchidos de fuerza y de ganas de pincelar paisajes de paz y confraternidad humana…

Es que hablar del arte, de las letras, de la música resulta por demás sencillo, sin embargo, al hablar de sentimientos que nacen de la creación, de la inspiración, nos permite entrelazarnos entre pensamientos profundos y menos frecuentes para avanzar por la ruta trazada, para acumular fuerzas y aprestarnos a recoger sueños olvidados, anhelos truncos y entonces encaramados en corceles de cuentos parvularios, por un solo objetivo contagiarnos de la fragancia de las flores que nos transporte hacia lo inefable de la creación divina y desde allá agitar banderas que proclamen la victoria alcanzada a fuerza de lucha constante que trasciende más allá de lo etéreo e infinito.

Es la hora, el momento preciso, ahora que la Patria nos exige una paz auténtica, por una justicia para todos, una fe que se consolide, para fincar los puntos donde convergen la solidaridad, la confraternidad y la libertad.

Qué gratificante resulta saber que en medio de esta vorágine de  desconciertos, de zozobras y de insolentes audacias,  aún existe ese manojo de andantes proletarios, medio locos, medio ilusos, medio quijotes, que nos elevan, medio cuerdos, medio sensatos,  que nos ubica en esta realidad cruel que nos lacera y nos duele, pero que aun así, saborean la firme decisión de hacernos sentir que el camino sigue expedito para quienes queremos acompañarlos en su marcha, porque no solo de utopías, de quimeras y fantásticos proyectos, se consigue el podio, porque lo viable, lo legítimo, es que unidos, aupándonos,  colocándonos en el zapato ajeno,  seamos capaces de cambiar este Mundo sumido en aquella turbulencia de ímpetus y acelerada carrera que aniquila y mata.

Sigan adelante, CABALLEROS DE LA CULTURA, porque lo que nos anima es este sentimiento de placer por un futuro promisorio, porque nuestra gente en medio de todo y de nada es consciente de que solo quienes conocen el lenguaje de los Dioses pueden sumirse en el letargo de la fe para en coros de colores danzarines agitar las banderas  que levanten a los ausentes, a los parias, a los exiliados y olvidados, así desterrar la opresión, la desigualdad y la discriminación, por un mundo de hermanos, de humanos…

¡Es la hora de avanzar amigos de la cultura! Que importa el desdén, la desidia y la maledicencia de otros, pues: “si los perros ladran, Sancho, es señala que cabalgamos” porque “Cambiar el mundo amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino justicia”.

¡Salud obreros de la cultura y el progreso!…

Narciza Tapia Guerrón

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