¡QUE CUÁNTOS AÑOS TENGO!...

¡Que cuántos años tengo!, pues han discurrido tantos que ya no sé cuántos más, cuántos menos de vida realmente llevo a cuestas. Solo sé que si mi edad es un estado del espíritu, hay días que apenas tengo cinco, otros quince, otros treinta; y otros: ochenta… cien…

¡Que cuántos años tengo!, los suficientes, para saber que procedo de este pueblo milenario donde suelo despertar temprano a esperar el alba que me prodiga luz, porque hace rato a fuerza de encuentros, de despedidas y de ausencias he ido forjando mi propio YO, logrando que el vendaval con su loca carrera y la pertinaz lluvia en inusitada contienda me detengan en la vera del camino…

¡Que cuántos años tengo!, los necesarios, para pretender atisbar recuerdos que fluyen como agua entre los dedos, para tomar una burda hoja de papel y empezar a burilar cosas mías no para agraviar, no para desagraviar, solo para afirmar que nada es eterno, que todo gira, que todo se transforma, y que si no escribo, si no digo, todo empieza en la desidia y termina en el olvido…

¡Que cuántos años tengo!, quizá cincuenta, quizá noventa, aun así, en cada jornada me inyecto de coraje para brindar por lo que ayer dolió y hoy superé, por quienes dejaron una huella en mi vida no una cicatriz, por los viejos tiempos y sus bellos momentos, por lo que estuvo, por lo que está, y por lo que quizá estará…

¡Que cuántos años tengo!, los precisos para marcar su recorrido en mi piel, para tatuar en mi corazón, en mi alma

y en mi espíritu la serenidad suficiente para entender que mi prioridad ya no está en ser hermosa, sino para labrar día a día mi esencia, pues como dijera Mafalda: “Qué importan los años, lo que realmente importa es comprobar que a fin de cuentas la mejor edad de la vida es estar vivo”.-

¡Que cuántos años tengo!, los que me sirven para saber que estoy aquí, en veces: lúcida, denodada, ocurrida, interesante, solidaria, en veces: frenética, pueblerina, impulsiva, atrevida, audaz, pero siempre sincera, siempre leal a mis credos y convicciones, siempre…

¡Que cuántos años tengo!, los exactos para librar batallas contra mis miedos ocultos, para vencer estoicamente episodios que me han destrozado el alma, que me han desgarrado la sien porque cuando más leal he sido más deslealtades he recibido. Para reír por no llorar ante agravios, ofensas, vituperios que han corroído mi ser. Que pese a tantas caídas, desde el polvo y las cenizas me animo a levantarme y renovarme en cuerpo y alma. Para pregonar que ¡aquí estoy!… de pie, la mirada al frente, con dirección al norte, siempre con la sonrisa a flor de labios inclusive cuando rio a carcajadas de mi misma…

¡Que cuántos años tengo!, quizá los de una quinceañera para ser esclava y ama de las flores, para desvivirme con sus aromas, entregarme, extasiarme porque las quiero hoy en vida, no mañana en mi tumba. Porque pretendo ser como ellas, esparcir sus colores  para irradiar: luz, alegría, bienestar, luciendo en veces sobria, en veces elegante, en veces estrafalaria, pero siempre femenina,  y como los geranios y las rosas,  lo mismo me va el rojo con el verde, el amarillo con el lila, el rojo con el gris, si todo es vida…

¡Que cuántos años tengo!, los de una mujer madura, serena porque sin complejos ni prejuicios disfruto del amor tierno y sereno de mi hombre… del amor fraternal de mis hijos y nietos…de los conversatorios sobre Bolívar, sobre la paz, sobre la naturaleza, sobre las hermandades para alabar y agradecer al Todopoderoso quien me permite saborear de esta paz serena, sobre las amenas tertulias con amigas, con amigos rescatados de esta vorágine de pasiones para de vez en vez compartir una tacita de café, una palabra de aliento…

¡Que cuántos años tengo!, los de las Manuelas para amar la libertad, para discernir, para elegir, así, me estaciono en el umbral, abro las puertas de mis recintos y de mi corazón, allí, todos convidados: quienes entran mis brazos extendidos, mis manos pródigas, quienes están no les impongo, no les exijo, no los echo; y, quienes se marchan no los ato, no les suplico, no los retengo…

¡Que cuántos años tengo!, quizá los de todas, quizá los de pocas, quizá los de ninguna, porque fui formada de arcilla milenaria, con sueños y alucinaciones anegadas en la fantasía para afianzar la fe, para hacer historia con una voz que trasciende, que no calla, que nace del pueblo que la germina, que la forja… pues “Detrás de una mujer poderosa se encuentra ella misma luchando contra todo cada día”.-

¡Gracias Señor por permitirme ser…estar…!

Narciza Tapia Guerrón

Facebook
Twitter
Instagram
Abrir el chat