“SAN PEDRO Y SAN PABLO…”

San Pedro y San Pablo, abre las puertas del cielo, cierra las del infierno y ven a calentarte en nuestro fogoncito”, era considerado como el himno de confraternidad que las familias, los vecinos y amigos entonábamos en las vísperas  de la celebración de estos santos, para en cada canto y en cada salto reafirmar nuestros sentimientos de amistad, de unidad y de solidaridad de todos quienes diligentes y presurosos nos auto convocábamos a la algarabía popular.

Previo a la noche del festejo, el 28 de junio, todos en caravana, unos a caballo, otros en bicicleta y casi todos en largas caminatas, a prisa, diligentes hasta los verdes campos y las parvas de trigo o cebada. Al llegar los niños jugábamos sin cesar lanzándonos espigas y abrojos luego si, cada uno de acuerdo a su capacidad emprendíamos el retorno cuesta arriba aprovisionados de una carga de tamo, para ganar tiempo, cortábamos la ruta por caminos escabrosos, porque entre más viajes realizados más producto nos servía para alargar la velada. En las calles del barrio, se colocaba montoncitos de tamo frente a cada casa. Ya en el crepúsculo, todos apurados nos íbamos concentrando para esperar hasta que se encienda la antorcha de la cofradía, para todos en “fila india” saltar y saltar, entre más alto coreábamos el “San Pedro y San Pablo…”, más rápido recibíamos la respuesta de otros grupos familiares apostados en diferentes barrios vecinos.

Todo era alegría, las señoras preparaban los hervidos y las empanadas, los señores atizaban el fuego alimentándolo constantemente de tamo; y, los niños dando rienda suelta a nuestra energía física: reíamos, gritábamos, brincábamos hasta más no poder, ¡que importaba si al día siguiente nuestra piel especialmente nuestros rostros, delataban la marca del humo y del fuego que además nos chamuscaba el cabello, las pestañas y las cejas, por lo que a fuerza de baños con hierbas y agua fría; y, con el paso de los días retornábamos a la normalidad.

Esta tradición no solo nos convocaba e identificaba como pueblo unido sino además nos permitía conocer las necesidades y aspiraciones de nuestros familiares, amigos, vecinos, era la mejor oportunidad para la camaradería, los chistes y los chismes, lo importante es que esta tradición se constituyó en uno de los mejores motivos de disfrute, ya que por historia, por principios, por definición fue nuestra, hoy extinta, quizá con razón, en defensa de la naturaleza y el medio ambiente. Esta como otras festividades eran esperadas con anhelo, para compartir, para gozar, para vivir: las fiestas de los blancos y negros, el carnaval, las partidas de cuarenta, las peleas de gallos, las serenatas para cortejar a la amada, los festivales artísticos en la gallera de la Rafael Arellano, las romerías aprovisionados de suculentos avíos, la vuelta ciclística… en fin.

Hoy que el mundo moderno pretende olvidar el origen de tan memorables costumbres, duras realidades como la indiferencia, la desidia, el egoísmo, emergen, y se agravan en tiempo de pandemia; y, que pocos procuramos al menos evocarlos, con esas ganas de reencontrarnos con el pasado. Hoy, preciso es retomar aquellos encuentros, ¡Qué importa el frío, las llagas de la opresión y la miseria!, si  no dejamos de sentir ese calorcito de recuerdos dulces de las fogatas, porque ni el acelerado ritmo del trabajo ni el vertiginoso paso de las horas pueden opacar los románticos rezagos de aquel amor primero, del verde de los pastos, de los dorados trigales y cebadales, extintos en el  tiempo y la distancia, de la fragancia de las flores, pese al smog que cubre de gris la inmensidad de nuestro cielo.

Consientes estamos que es difícil reunirse con los vecinos y amigos ni siquiera con nuestros familiares más cercanos, hay que reconocerlo y aceptarlo, sin embargo, a través de la tecnología que la modernidad nos otorga procuremos saludarnos y expresar nuestros sentimientos a pesar de la distancia, porque el mundo gira y gira y lo que queda es no solo  posar nuestra mirada en aquellos pasajes pretéritos que como en una película blanco y negro desfilan uno a uno, ¡NO!, el objetivo es que a través de reminiscencias gratas, procuremos acortar distancias, aun en pandemia, aun lidiando con el viento frío que arrecia fuerte, tan fuerte que calcina los huesos pero que a la vez inyecta en las venas, nuevos amaneceres donde la algarabía, las ocurrencias de todos, las risas espontáneas nos convoque a la unidad.

¡Qué importa este inevitable hoy si fugaz se aleja!, ¡Qué importa ese futuro si es incierto y efímero! Lo único cierto es que el pasado ya pasó, y lo que hicimos o dejamos de hacer es lo que deja huellas, deja luz, deja color…

¡Mientras, tanto, avivemos la esperanza, de que aun con ilusiones atrasadas el camino nos madruga, el tiempo activa  ese viaje sin tregua ni medida, aun con el viento en contra, aun cuando la tempestad arrecia, aun sobreviviendo en medio de la nada..!

¡Saludos al Comité Cívico cuyo objetivo primordial está en defender los intereses más caros de este pueblo amado!…

Narciza Tapia Guerrón

 

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